lunes, 9 de septiembre de 2019
Rodelinda Ritorna oh caro e dolce mio tesoro.
En el twiter de Teatro Municipal de Santiago consultaron qué había sido lo mejor de Rodelinda. Respondí que ha sido la mejor representación de los últimos cinco años. El trabajo del chileno Javier Arrey me gustó mucho, gran potencia y calidad, ese personaje de Garibaldo es de la calaña de Iago o Tonio. Tantos alcahuetes hay siempre dando vueltas.
Me gustó la escenografía de Verónique Chazal, que se produjo con la Ópera de Lille, con un sinfín de segmentos de salones como sobre una plataforma sin fin de aeropuerto. Una chispa moderna a esta representación de Handel. Además de unos marcos de neón para ciertos momentos clave.
Un viaje al pasado, para este estreno en el Municipal de Santiago casi 300 años luego de su premier. Cuando vi en el programa del año supuse que sería una gran experiencia. Algo grandioso de la ópera es que permite sentir lo que pensaba el compositor, los mensajes entre líneas de la poesía, la forma musical, la estructura, la política, etc. Además, el estilo artístico, en este caso de largas repeticiones, de lento verso y de bella música.
Cuando en el elenco aparece Sabina Puértolas, la emoción es mayor, pues ya hace dos años hizo una Gilda genialmente. Hay una linda historia de ella que la llamaron a un supermercado en que estaba comprando en España para ir a cantar Rigoletto en tres días en Londres y con éxito. Lo consideré un pequeño honor para Chile, además, pues se le invitó seguramente porque había hecho el rol meses antes acá.
Siempre me ha cautivado que no se conocieran Handel 1685, Vivaldi 1678 y Bach 1685. Es como tener hoy a Zimmer, Williams y Morricone que nunca hubieran hablado, o no escucharan prácticamente los trabajos de cada uno. O Berstein, Glass o Boulez, si lo prefiere. Al menos con Bach ningún contacto, leí que Handel y Vivaldi algo breve.
Sabina muy amablemente puso like a mi tuit sobre la obra. Ella es muy motivadora, además, es activa en redes sociales y pareces conocerla. De Gilda a Rodelinda mostró más madurez incluso, un soporte para la obra.
Los contratenores Sabata y Ainslie una agradable sorpresa, para sentir esas audiencias enloquecidas por los castrati.
Una orquesta pequeña como corresponde, Ahmann muy sensible, y ese clavecín que estaban afinando minutos antes del inicio, fue interpretado por el español Fernando Aguado transportándote.
La versión se recortó a tres horas con intermedio para este estreno en el país.
Los muñequitos, un detalle para el niño en silencio, que fue una niña en este caso, una niña que fue personaje sicológicamente muy activa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)





No hay comentarios:
Publicar un comentario