El viernes 16 de junio en Teatro Municipal de Santiago disfruté de las Bodas de Figaro de Mozart.
Especial mérito el trío de Susanna, Rosina y Cherubino de la versión internacional con las interpretes Vallone, Koutcher y Beaumont.
Lamento no haber ido a la versión con elenco chileno del 16 de junio. Marcela Gonzalez como Cherubino he leído que ha sido nuevamente muy bueno. Al igual que de Patricia Cifuentes y Paulina Gonzalez. Ellas son muy profesionales y parte de la renovación operística del país. Cada vez que las vemos es un gusto.
En las fotos de Teatro Municipal de Santiago los dos elencos.
Llamó la atención el tempo rápido de Cremonesi. La orquesta muy precisa y se disfrutan las ligazones de las voces y los vientos.
Al igual que en Jenufa el mes pasado, unas sillas o dos sillones y un par de mesas y puertas laterales por las que entran y salen furibundos los personajes. Jorge Lavelli en Jenufa y Pierre Constant en Las Bodas mostraron similitudes no muy atractivas.
Un espectáculo de calidad. Una cúspide de la ópera clásica. Con algunos defectos menores, pero no son relevantes frente al gran agrado con que se disfrutó en cada momento.
Fueron convincentes para el público los pasajes bufos, sorprenden las risas. Saber en general del libreto parece que no ayuda a la espontaneidad de la risa. O faltó libertad para disfrutar los excesos de enredos de da Ponte resorprendiéndose.
Bien por Santiago. Bien por la ópera.






