lunes, 7 de noviembre de 2016

¡La Felicidad ha aparecido ante mi y me llama!: Berlioz & Goethe




Los críticos de ópera me divierten, revisando al Sr. Muñoz de El Mercurio, el Sr. Gallego de Radio Beethoven y de la Tercera sin nombre. Coinciden en algunas apreciaciones y difieren en otras. En materia de arte es difícil llegar a acuerdos. 

A unos les gustó la escenografía e iluminación del profesor de mi hija actriz Ramón López, a otros les gustó el tenor, a otros el director Valdes, no fueron unánimes con el coreógrafo, etc. 

Coincidieron en la soprano y que no les gustó totalmente el coro. 

Yo evito escribir mal de alguno de los ejecutantes, si de alabanzas cuando me han gustado mucho. Bastante difícil es hacer una representación en vivo impecable. 

El coro es muy relevante en esta obra de Berlioz, es un protagonista y  -nuevamente este año como en Boheme- el coro de niños con el detalle de ubicarlos sobre los palcos presidencial y municipal. 

Una ópera interpretada 98 años después nuevamente en el teatro de ópera de Santiago y por primera vez en su idioma francés original. 

Una ópera diferente, en eso coinciden todos. Berlioz es diferente, me gusta y me ha gustado la ópera. Berlioz es el romanticismo y lo onírico. Tal vez Fausto murió pues si tomó el veneno y todo el resto fue su sueño. 

La Condenación de Fausto tiene dos piezas instrumentales muy conocidas. Y varias de sus partes corales en mi memoria mas recóndita de las tardes de Radio Andrés Bello.