Viendo una obra muy modernista en film&arts Einstein on the Beach, de 1976 de Philip Glass y Robert Wilson, me motivó pensar en lo contemporáneo.
Algunos momentos los interludios (knee) resultaron más bellos que sus partes. Esta ópera es casi cantata y algo de danza moderna. Con una monotonía irritante en bella y delicada música con puestas en escenas muy sincronizadas, creadas por Wilson, director de escena muy pulcro y de categoría.
O escuchando a la joven compositora de ópera rusa Elena Langer, que estudió en el conservatorio Tchaikovsky de Moscú (por suerte pude conocer). Que también plasma bella música en formatos monótonos y contemporáneos. Según la revista OperaNow siguiendo los pasos de Mozart y Rossini.
Es basta y diversa la composición de ópera en estos días. Hay que estudiarla y escucharla más, será clásica el próximo siglo, y desplazará piezas tradicionales que hoy son frecuentes en teatros. Ha pasado de siglo en siglo.
En un comentario en el web de film&arts que promocionó Einstein on the Beach, una fanática televidente reclama que antes daban óperas. Negando su condición a Glass. Para ella no es un área de ópera lo que pudo alcanzar a ver... para mi tampoco, pero debo estudiar y escuchar más.



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