Se inició la de Leoncavallo con el Prólogo de Tonio, en que se suben sutilmente la iluminación de la sala del Teatro Municipal de Santiago, algo especial ocurrirá se siente de inmediato, son muchas obras en el mismo teatro y ya “el Municipal te habla”. En efecto, con las direcciones musical de José Luis Domínguez y escénica de Fabio Sparvoli, entran los personajes por la platea, al lado del público y nos transportan al teatro dentro del teatro o el circo dentro de la ópera, y nos hablan al público, luego le hablarán a la comparsa.
La Iluminación de ambas óperas del profesor de mi hija mayor Ramón López es consistente con los años cuarenta, donde sutilmente se instalan las escenas, 70 y 50 años más al futuro respectivamente de sus libretos. La época la denotan los policías militares de la Cavallería y una motocicleta de Pagliacci y desde luego los vestuarios. Las luces permiten ver colores con precisión cuando se requiere o difusos en otros momentos.
Mascagni fue muy bien representado anoche, recordando su presencia hace 104 años en el mismo sitial de director. Con pasajes que transportan exactamente donde deben. Con emotividad e intensidad. Y es difícil describirlas, como que uno sube sobre las notas y se balancea entre ellas. Llegan a hacer cerrar los humedecidos ojos de tanta belleza.
La idea central de esta columna es reconocer el impacto sobre la butaca de las óperas de anoche, aparentemente, simples desde su concepción para transmitir sus pesadas cargas de sangre y bajeza humana. En las fotos oficiales que se adjuntan está esa simplicidad que permite disfrutar cada conjunto. Esta pasión no se puede explicar, se siente, la única palabra que permite concentrar todo lo que representa para un fanático es precisamente... Ópera. ¿Que sientes con la ópera?, bueno... Ópera.
Mascagni las dirigió en orden inverso a lo programado esta temporada. ¿Cual puede ser el orden ideal?, ¿cuantas veces las escuchamos en Radio Andrés Bello en el mismo orden de anoche?. El grito desgarrador anunciando la muerte de Turiddu debe ser uno de los primeros recuerdos operísticos.
Algunos solistas se repitieron en ambas óperas, lo que obliga al espectador a dejar atrás al anterior personaje. Y miembros del estupendo coro (del eterno Klastornick) incluso usando el mismo sombrero o vestuarios muy parecidos, hacían trampa al subconsciente.
El público de anoche era conocedor, es un gusto ver tanta gente diversa en el Teatro los últimos años. Al compararlo con mis primeras óperas en este teatro en 1983, se encuentra más naturalidad y menos ostentación.
La de anoche era la versión Estelar, que contempla elenco de menos experiencia que la Internacional. Y como casi siempre, el agrado es igual.
Como es usual, variaciones del libreto o libertades sobre éste que no produjeron incomodidad. Pero las notamos...