
En marzo fueron los aniversarios de las Radios Beethovem y Futuro. Ambas las escucho desde su fundación. 1981 la radio de música selecta y 1989 la de Rock clásico.
En el caso de la Radio Beethoven, me acompaña en mi escritorio cada día desde tercero medio, toda la universidad y todos mis veinte años de trabajo. Cada día, cada melodía, las trivias tan complejas auspiciadas por Sonda, los distintos programas. Una radio de calidad.
Hace un par de años Beethoven sufrió casi hasta el cierre. Llamé en su momento a uno de sus Directivos de la Radio para ofrecerle mis respetos. Se impuso la calidad y la radio continúa en el dial.
En sus primeros años, la Beethoven tenía un librillo alargado y delgado con el programa del mes y se vendía como subscripción. Hoy está en la completa página web. Los estudiantes suscritos teníamos un precio rebajado, pero para ello debíamos ir a buscar dicho librillo a las oficinas de la radio. Eso nos acercó mucho más a la estación.
Una genuina heredera de la Radio Andrés Bello, la del pitito horario, ese pitito que además dificultaba la grabación desde el aire. Echo de menos ese pitito. Echo de menos la ópera completa de cada día. Pero al menos la Beethoven transmite una ópera completa cada semana. Primero escuchada en esa radio de velador grundig, luego en un 3 n 1 Sanyo, en una radio casete y obviamente en una radioreloj también. Las radios fueron evolucionando, la emisoras desapareciendo.
Heredera también de las Radios Universitarias de Santiago y de Chile, que han restringido sus programas selectos o clásicos a lo mínimo, sin desmerecer la calidad de lo que ha quedado.
Tantas horas de música me han permitido tener una buena memoria musical, más que de nombres y opus, de la música propiamente tal, es decir, puedo seguir la melodía y estar sincronizado con las entradas de cada sección de instrumentos o solista y voces. Identificando los estilos de dirección.
Ha sido muy valioso contar con esta radio y este es un modesto agradecimiento.
En el caso de la Futuro. Yo, con mi lado B de Rock clásico, de Led Zeppelin o AC/DC, ese que me hacía escuchar al final de los años 70 la radio Nacional en AM para seguir el programa “Solamente Rock”… que años. Debieron pasar muchos oscuros años de la música disco y pop para tener este espacio que la Futuro ha mantenido con gran fidelidad.
Permanentemente recuerdo programas que ya no existen o radios que no suenan, es porque he sido testigo del aporte de la Radio y recuerdo los días de radio sin TV en casa. Si hasta el otro día me acordé de Radio Tanda cuando murió la actriz Helvecia Viera, una de sus personajes. Yo me crié con la radio, con el Doctor Mortis, con lo que cuenta el viento, con Jimmy Brown, con tantos pasajes que me acompañaron en mi crecimiento.
En mi memoria 1 la Beethoven, en la memoria 2 la Futuro. Pero en Arica no está la Beethoven y me costó encontrar la Futuro. Gracias al web http://www.radiobeethoven.cl/ logro escuchar Mozart, Verdi, Chopin y desde luego a Ludwig en el computador. Sentí, en Arica, esa sensación de falta, no es fácil vivir sin la Beethoven.
Mi música, mis radios, mis fanatismos. Son parte de mí y lo dejo registrado en este diario de vida.
En el caso de la Radio Beethoven, me acompaña en mi escritorio cada día desde tercero medio, toda la universidad y todos mis veinte años de trabajo. Cada día, cada melodía, las trivias tan complejas auspiciadas por Sonda, los distintos programas. Una radio de calidad.
Hace un par de años Beethoven sufrió casi hasta el cierre. Llamé en su momento a uno de sus Directivos de la Radio para ofrecerle mis respetos. Se impuso la calidad y la radio continúa en el dial.
En sus primeros años, la Beethoven tenía un librillo alargado y delgado con el programa del mes y se vendía como subscripción. Hoy está en la completa página web. Los estudiantes suscritos teníamos un precio rebajado, pero para ello debíamos ir a buscar dicho librillo a las oficinas de la radio. Eso nos acercó mucho más a la estación.
Una genuina heredera de la Radio Andrés Bello, la del pitito horario, ese pitito que además dificultaba la grabación desde el aire. Echo de menos ese pitito. Echo de menos la ópera completa de cada día. Pero al menos la Beethoven transmite una ópera completa cada semana. Primero escuchada en esa radio de velador grundig, luego en un 3 n 1 Sanyo, en una radio casete y obviamente en una radioreloj también. Las radios fueron evolucionando, la emisoras desapareciendo.
Heredera también de las Radios Universitarias de Santiago y de Chile, que han restringido sus programas selectos o clásicos a lo mínimo, sin desmerecer la calidad de lo que ha quedado.
Tantas horas de música me han permitido tener una buena memoria musical, más que de nombres y opus, de la música propiamente tal, es decir, puedo seguir la melodía y estar sincronizado con las entradas de cada sección de instrumentos o solista y voces. Identificando los estilos de dirección.
Ha sido muy valioso contar con esta radio y este es un modesto agradecimiento.
En el caso de la Futuro. Yo, con mi lado B de Rock clásico, de Led Zeppelin o AC/DC, ese que me hacía escuchar al final de los años 70 la radio Nacional en AM para seguir el programa “Solamente Rock”… que años. Debieron pasar muchos oscuros años de la música disco y pop para tener este espacio que la Futuro ha mantenido con gran fidelidad.
Permanentemente recuerdo programas que ya no existen o radios que no suenan, es porque he sido testigo del aporte de la Radio y recuerdo los días de radio sin TV en casa. Si hasta el otro día me acordé de Radio Tanda cuando murió la actriz Helvecia Viera, una de sus personajes. Yo me crié con la radio, con el Doctor Mortis, con lo que cuenta el viento, con Jimmy Brown, con tantos pasajes que me acompañaron en mi crecimiento.
En mi memoria 1 la Beethoven, en la memoria 2 la Futuro. Pero en Arica no está la Beethoven y me costó encontrar la Futuro. Gracias al web http://www.radiobeethoven.cl/ logro escuchar Mozart, Verdi, Chopin y desde luego a Ludwig en el computador. Sentí, en Arica, esa sensación de falta, no es fácil vivir sin la Beethoven.
Mi música, mis radios, mis fanatismos. Son parte de mí y lo dejo registrado en este diario de vida.

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