
“Con todos los palos de estos letreros, se podrían hacer muchas casas de un techo para Chile”, escribió respetuosamente alguien sobre un letrero de un candidato. Estamos en campaña municipal y los letreros tienen tapadas todas las ciudades. Pero causa gran sorpresa que ninguno indica el partido que los apoya, todos apolíticos. Como que estar en un partido sea una situación vergonzosa. Algo de eso hay, con los niveles tan bajos de militancia de hoy, los partidos están muy desprestigiados.
En mis tiempos de universidad participé en varias campañas, algunas las gané con primera mayoría, una la perdí por 4 votos. Fech, Centro de Alumnos de Plan Común, Centro de Estudiantes de Ingeniería Eléctrica, donde fui presidente. A veces postulé con el logo del Partido Radical (Grupo Universitario Radical) y otras veces –al igual que los actuales candidatos- sin emblemas, el nombre de la lista era suficientemente explicativo. Incluso fui vicepresidente de la Juventud Radical, pero ya hace 21 años que no participo en política partidista.
Mi familia paterna, desde finales del siglo XIX, ha sido preferentemente radical, partido más que centenario, hoy el más pequeño de los siete partidos nacionales, que se niega a morir, con una interesante base local y una gran fuerza en lo más profundo de las familias chilenas. Pero no siempre el PR levanta los conceptos Social Demócrata europeos con los que fui educado en los ochenta en las clases que en esos tiempos se hacían en la juventud.
Trabajé mucho por la democracia. Hace unos días se cumplieron 20 años del triunfo del NO. Incluso en La Nación aparece una entrevista a mí como uno de los encargados del cómputo paralelo. Gran herramienta que le dio fortaleza al esfuerzo de retorno a la democracia. El artículo me sorprendió partiendo con: “En septiembre de 1988 un estudiante de ingeniería eléctrica de la Universidad de Chile tenía por primera vez en sus manos un fax. Sólo había visto esos aparatos en las revistas de tecnología. Su nombre era Aldo Signorelli, dirigente del centro de alumnos de su carrera, y a quien en marzo Germán Quintana le encargó la misión de reunir un grupo técnico capaz de montar y operar el sistema de conteo paralelo para el plebiscito que derrotó a Pinochet” http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20081006/pags/20081006173724.html
Eran tiempos de mucha mística y muy intelectuales. Y me siento muy orgulloso y con gran autoridad moral por haber trabajado tanto en ese tiempo por lo que hoy tenemos, fueron cinco años muy intensos.
Y como no puedo evitar citar mi pasión operática, cómo no recordar a Verdi. Claro, era muy popular él entre los italianos, en especial luego de Nabucco. Verdi era un músico popular que representó un sentir del pueblo a través de sus coros, sus áreas. Es decir, la política.
Gritaban o lo pintaban en las paredes en esos años de mediados del siglo XIX “Viva V.E.R.D.I.”, es decir Viva Vittorio Emanuele Re d'Italia, en referencia al líder reunificador de Italia. Por una parte ensalzando a Verdi, pero en el fondo engañando a los austriacos y levantando la figura de la patria.
Hoy es muy difícil para los candidatos motivar al electorado. No hay motivos tan intensos para unificarnos. Esto ha farandulizado la política y deteriorado profundamente nuestro país. Me preocupa.
En mis tiempos de universidad participé en varias campañas, algunas las gané con primera mayoría, una la perdí por 4 votos. Fech, Centro de Alumnos de Plan Común, Centro de Estudiantes de Ingeniería Eléctrica, donde fui presidente. A veces postulé con el logo del Partido Radical (Grupo Universitario Radical) y otras veces –al igual que los actuales candidatos- sin emblemas, el nombre de la lista era suficientemente explicativo. Incluso fui vicepresidente de la Juventud Radical, pero ya hace 21 años que no participo en política partidista.
Mi familia paterna, desde finales del siglo XIX, ha sido preferentemente radical, partido más que centenario, hoy el más pequeño de los siete partidos nacionales, que se niega a morir, con una interesante base local y una gran fuerza en lo más profundo de las familias chilenas. Pero no siempre el PR levanta los conceptos Social Demócrata europeos con los que fui educado en los ochenta en las clases que en esos tiempos se hacían en la juventud.
Trabajé mucho por la democracia. Hace unos días se cumplieron 20 años del triunfo del NO. Incluso en La Nación aparece una entrevista a mí como uno de los encargados del cómputo paralelo. Gran herramienta que le dio fortaleza al esfuerzo de retorno a la democracia. El artículo me sorprendió partiendo con: “En septiembre de 1988 un estudiante de ingeniería eléctrica de la Universidad de Chile tenía por primera vez en sus manos un fax. Sólo había visto esos aparatos en las revistas de tecnología. Su nombre era Aldo Signorelli, dirigente del centro de alumnos de su carrera, y a quien en marzo Germán Quintana le encargó la misión de reunir un grupo técnico capaz de montar y operar el sistema de conteo paralelo para el plebiscito que derrotó a Pinochet” http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20081006/pags/20081006173724.html
Eran tiempos de mucha mística y muy intelectuales. Y me siento muy orgulloso y con gran autoridad moral por haber trabajado tanto en ese tiempo por lo que hoy tenemos, fueron cinco años muy intensos.
Y como no puedo evitar citar mi pasión operática, cómo no recordar a Verdi. Claro, era muy popular él entre los italianos, en especial luego de Nabucco. Verdi era un músico popular que representó un sentir del pueblo a través de sus coros, sus áreas. Es decir, la política.
Gritaban o lo pintaban en las paredes en esos años de mediados del siglo XIX “Viva V.E.R.D.I.”, es decir Viva Vittorio Emanuele Re d'Italia, en referencia al líder reunificador de Italia. Por una parte ensalzando a Verdi, pero en el fondo engañando a los austriacos y levantando la figura de la patria.
Hoy es muy difícil para los candidatos motivar al electorado. No hay motivos tan intensos para unificarnos. Esto ha farandulizado la política y deteriorado profundamente nuestro país. Me preocupa.

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