miércoles, 17 de septiembre de 2008

La Estación de la Ópera


Los Leones, estación del metro de Santiago que nos tiene acostumbrados a disfrutar de muy buenas interpretaciones de ópera. Es un agrado ver a la gente escuchando con atención las populares cavatinas y áreas más famosas. Ayer, luego de un día duro (en general ha sido duro este tiempo, por eso he escrito poco en este blog), caminando a la estación, me quedo asombrado al escuchar los últimos tonos de un área... de inmediato se inicia el popular “brindisi” de La Traviata.

Libiam nè lieti calici
Che la bellezza infiora,
E la fuggevol ora
S'inebri a voluttà.
Libiam nè dolci fremiti
Che suscita l'amore,
Poichè quell'occhio al core

Fueron una pareja que interpretó muy bien, con los distintos alcances que hoy se esperan: representación escénica, potencia y bella voz. Mucha calidad. Claro, son estudiantes, lo que me marcó más. Los escuché con toda atención, deposité mi aporte en el sombrero, muchos billetes de mil pesos...el mío también; público que sabe valorar lo que en el Municipal se lo cobrarían a 60 mil pesos por lo menos.

Pero al mirar esta escena de hora punta de la tarde, con miles de personas en el entorno, largas colas en los torniquetes, un sexshop a vista y paciencia de todo el mundo, una tiene de juegos de computador, joyerías, sangucherías, el infaltable local de polla gol (no alcancé a jugar en su reedición el sábado... habría perdido por el fracaso de los tres equipos grandes), en fin... el Santiago más cosmopolita y postmoderno que podamos encontrar.

Verdi del 1853 y Santiago del 2008 todo junto. Una escena que la miré cada vez de más altura, disfrutando el momento, sintiendo todo el contraste, con la predominante armonía de la soprano y la fuerza del tenor que se empinaba para sacar las notas más altas, exacerbando su desplante escénico... claro, con un MP3 y un pequeño amplificador como orquesta sinfónica.

Se estrenó en Venecia, y fue un fracaso. La próxima semana me toca Barbero en el Teatro Municipal, también fue un fracaso en su primera representación. Hoy son dos de las más famosas e interpretadas óperas, que su calidad y belleza conmueven, y no fueron bien recibidas por la alcurnia de la época. Pero la ópera es también pueblo, lo fue ayer a las seis de la tarde en una estación de metro y seguramente a esta hora en estaciones de metro de todo el mundo se interpretan con gran éxito.

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