
Como comentamos en una de las primeras entradas de este blog, mi incorporación tardía a la web 2.0 se debía a mis prejuicios a lo lúdico en la red. En general mucho trabajo y aspectos formales, sin juegos ni descargas musicales en el computador. Pero ocurrió algo muy especial, un grupo de primos iniciamos en Facebook un grupo familiar: los Signorelli en Chile. Y ya hay varios que partieron a otros países.
Ha sido una expresión real de la interacción a través de internet. Un matrimonio que llegó de Sicilia en 1890, son el tronco de mi árbol genealógico. Hay un gran número de descendientes, y esos emigrantes podrían ver con gran felicidad como sus genes se van conociendo y aportando al país. Ya haremos lo mismo con mis otras familias. Cuando retrocedes 4 generaciones, son 16 bisabuelos y muchas ramas sobre las que avanzar. Más parientes que los que se pueden conocer o visitar. Pero la web lo permite sin problemas.
Yo, de los tiempos en que no había teléfonos en la mayoría de las casas, recuerdo que las visitas a los familiares eran improvisados y sin aviso. Pero con la llegada de las comunicaciones, que impactaron mejorando nuestra calidad de vida, había que avisar y peor aún, ser invitado (o invitar) a la casa de los parientes. Ello generó distancia. Distancia que también incrementó el periodo de Dictadura en Chile y de igual forma, el estilo individualista de la sociedad que construimos también aportó.
¿Será que la web 2.0 nos volverá a unir? No es raro ver a la tercera edad y a los niños y jóvenes en comunicación por chat y correo.
Internet tradicional ha tenido una interesante evolución también, la de los buscadores y las posibilidades de almacenamiento. Ya hay enormes cantidades de libros antiguos en la red, fotografías, actas de organizaciones, bases de datos… de todo. Yo he encontrado recuerdos de antepasados gracias a recientes publicaciones en la red de terceras personas.
Mi trabajo genealógico es la unión entre el presente y el pasado, para proyectar el futuro. Saber lo que ha ocurrido, para entender lo que estamos haciendo acá. E internet permite avanzar desde el pasado al futuro. Dejar escrito lo que se ha descubierto es la clave para consolidar el avance.
Ha sido una expresión real de la interacción a través de internet. Un matrimonio que llegó de Sicilia en 1890, son el tronco de mi árbol genealógico. Hay un gran número de descendientes, y esos emigrantes podrían ver con gran felicidad como sus genes se van conociendo y aportando al país. Ya haremos lo mismo con mis otras familias. Cuando retrocedes 4 generaciones, son 16 bisabuelos y muchas ramas sobre las que avanzar. Más parientes que los que se pueden conocer o visitar. Pero la web lo permite sin problemas.
Yo, de los tiempos en que no había teléfonos en la mayoría de las casas, recuerdo que las visitas a los familiares eran improvisados y sin aviso. Pero con la llegada de las comunicaciones, que impactaron mejorando nuestra calidad de vida, había que avisar y peor aún, ser invitado (o invitar) a la casa de los parientes. Ello generó distancia. Distancia que también incrementó el periodo de Dictadura en Chile y de igual forma, el estilo individualista de la sociedad que construimos también aportó.
¿Será que la web 2.0 nos volverá a unir? No es raro ver a la tercera edad y a los niños y jóvenes en comunicación por chat y correo.
Internet tradicional ha tenido una interesante evolución también, la de los buscadores y las posibilidades de almacenamiento. Ya hay enormes cantidades de libros antiguos en la red, fotografías, actas de organizaciones, bases de datos… de todo. Yo he encontrado recuerdos de antepasados gracias a recientes publicaciones en la red de terceras personas.
Mi trabajo genealógico es la unión entre el presente y el pasado, para proyectar el futuro. Saber lo que ha ocurrido, para entender lo que estamos haciendo acá. E internet permite avanzar desde el pasado al futuro. Dejar escrito lo que se ha descubierto es la clave para consolidar el avance.

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