
He trabajado con niños en situación irregular desde 1983. La historia es más antigua, en 1978 no le llevé a un niño de un hogar unas revistas de historietas que me había pedido, olvidé el compromiso. Me sentí tan mal, que desde luego se las llevé pronto y me quedé marcado con el tema.
Yo preocupado de mi genealogía y mi honorable centenar de primos. Y al escuchar una nota de prensa en la TV recordé el tema: todo niño adoptado desea saber cuáles son sus padres biológicos.
En la Fundación en la que colaboro (a veces colaboro más, a veces menos), he vivido ese clamor de los niños que tenemos en tuición legal, de conocer sus familias. Casi siempre se han encontrado y casi siempre con enormes penas para ellos.
O hay situaciones muy delicadas en las que vive su familia, o hay familias constituidas. El dolor de un niño que sufrió el abandono es muy grande cuando sabe que sus padres siguen juntos y han tenido otros hijos que si viven con ellos.
Cuesta pensar en abandonar un hijo. Yo que soy tan apegado a los míos. Que recibí una cultura muy familiar. Pero ocurre.
Lo he visto con decenas de niños.
Ayer, día del niño, llamé y conversé por teléfono con algunos niños. Es muy destacable que quién los cuida –su papi- se crió con nosotros. Y ayer, en vista que era el día libre de este, era otro muchacho el que los acompañaba, él ya hace años ya se independizó de la Fundación como adulto y tiene su familia y su trabajo. Es su familia. La Fundación Magone tiene esa filosofía, una vida en familia para siempre.
Éramos un grupo de adolescentes, recuerdo el primer día, un grupo del Clan fuimos un domingo en el atardecer a conocer este lugar. Ya habíamos recorrido hogares y otras instancias y no era fácil apoyar. Fuimos recibidos con frialdad, debíamos demostrar interés y constancia. Tomé la rutina de ir cada miércoles en la tarde. Fueron años muy bellos, apoyando los estudios de los chicos, siendo su amigo, su tutor. Cuando veo los monitores ahora, recuerdo 25 años atrás y añoro ese tiempo dedicado a dar de cerca.
A pesar que les demos mucho cariño, salud, educación, su casa y que somos su familia, ellos quieren saber. Entiendo que debe ser la misma fuerza casi genética que me motiva a mí conocer historias familiares y entender lo que le ocurrió a los antepasados.
Unas líneas de mucho cariño para los chicos que han sido acogidos. Y desde luego un abrazo para todos los niños que sufren.
A veces miro las estrellas y siento la inmensidad de la bóveda celeste y me siento sólo polvo cósmico, mis problemas no son nada al lado de los que si tienen problemas. Los que sufre la guerra esta noche en Georgia, que dejará más niños abandonados.
Yo preocupado de mi genealogía y mi honorable centenar de primos. Y al escuchar una nota de prensa en la TV recordé el tema: todo niño adoptado desea saber cuáles son sus padres biológicos.
En la Fundación en la que colaboro (a veces colaboro más, a veces menos), he vivido ese clamor de los niños que tenemos en tuición legal, de conocer sus familias. Casi siempre se han encontrado y casi siempre con enormes penas para ellos.
O hay situaciones muy delicadas en las que vive su familia, o hay familias constituidas. El dolor de un niño que sufrió el abandono es muy grande cuando sabe que sus padres siguen juntos y han tenido otros hijos que si viven con ellos.
Cuesta pensar en abandonar un hijo. Yo que soy tan apegado a los míos. Que recibí una cultura muy familiar. Pero ocurre.
Lo he visto con decenas de niños.
Ayer, día del niño, llamé y conversé por teléfono con algunos niños. Es muy destacable que quién los cuida –su papi- se crió con nosotros. Y ayer, en vista que era el día libre de este, era otro muchacho el que los acompañaba, él ya hace años ya se independizó de la Fundación como adulto y tiene su familia y su trabajo. Es su familia. La Fundación Magone tiene esa filosofía, una vida en familia para siempre.
Éramos un grupo de adolescentes, recuerdo el primer día, un grupo del Clan fuimos un domingo en el atardecer a conocer este lugar. Ya habíamos recorrido hogares y otras instancias y no era fácil apoyar. Fuimos recibidos con frialdad, debíamos demostrar interés y constancia. Tomé la rutina de ir cada miércoles en la tarde. Fueron años muy bellos, apoyando los estudios de los chicos, siendo su amigo, su tutor. Cuando veo los monitores ahora, recuerdo 25 años atrás y añoro ese tiempo dedicado a dar de cerca.
A pesar que les demos mucho cariño, salud, educación, su casa y que somos su familia, ellos quieren saber. Entiendo que debe ser la misma fuerza casi genética que me motiva a mí conocer historias familiares y entender lo que le ocurrió a los antepasados.
Unas líneas de mucho cariño para los chicos que han sido acogidos. Y desde luego un abrazo para todos los niños que sufren.
A veces miro las estrellas y siento la inmensidad de la bóveda celeste y me siento sólo polvo cósmico, mis problemas no son nada al lado de los que si tienen problemas. Los que sufre la guerra esta noche en Georgia, que dejará más niños abandonados.

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