martes, 1 de julio de 2008

El CD y Beethoven


Cuando se normalizó el CD para música, se resolvió que la duración máxima debía permitir que el opus 125 de Ludwig van Beethoven alcanzara en un disco, pero la versión más larga, la de Furtwängler de 1951 con 74 minutos y 33 segundos.

Lo recordé este fin de semana al ver en Film&Arts una gran versión de Fidelo de Harnoncourt con la opera de Zurich (2005). Bella música y gran dolor para el creador, pues no alcanzó el impacto de la ópera italiana ni de la mozartiana. Fidelo requirió varios cambios desde Leonora o El Amor Conyugal hasta Fidelo para lograr aceptación. Nuevamente Beethoven un adelantado, era otra opera alemana la que surgía.

He leído con humildad de mi autor sinfónico preferido por más de 30 años, he escuchado sus obras incansablemente y disfruté en especial las últimas tres películas: una húngara para TV sobre la amada inmortal (que especulaba sobre la hija del músico con su amada inmortal) –les debo la referencia que nunca la he encontrado-, que respondió a la “Amada Inmortal” de Bernard Rose de 1994 que indicó a su vez que el sobrino era en realidad el hijo de Beethoven con la misma dama incógnita. Y recientemente “Copiando a Beethoven” de Agnieszka Holland 2006.

Todo lo que podemos estudiar del maestro nos permite identificar algunos consensos en los biógrafos con estas películas: su sordera era un flagelo sobrehumano para él, una contradicción vital de las verdaderas; era un romántico en términos humanos (musicalmente permitió la transición entre el clasicismo y el romanticismo, un proto-romántico en términos técnicos) y un ser social muy conectado con su entorno a pesar de su dureza.

Seguramente Copiando a Beethoven se inspira en la conocida anécdota del momento que golpeó la puerta de una casa para preguntar quién tocaba el piano tan bien ... era una joven. Se sabe que tenía muestras de mucha ternura, como las que le despertó la pianista. Esta película nos regala una visión grandiosa de la novena sinfonía.

Desde luego la carta a su amada inmortal existió y es un grito de amor desesperado, desgarrador y las dos películas inspiradas por ésta nos muestran esa faceta prohibida de sus amoríos.

La fotografía de esta nota es el testimonio de una importante investigación científica y una interesantísima novela de Russell Martín. Recuerdo con gran felicidad mis mails con uno de los doctores que subastó el cabello de Beethoven en 1994, el mismo que un joven Hiller le cortó al maestro (era una tradición) el 27 de marzo de 1927, al día siguiente del deceso. En el funeral del 29 se leyó “estamos aquí parados llorando, frente a las cuerdas rotas de un instrumento ahora silenciado”... ya suponían que sería inmortal, fue el funeral más grande de la época.

Estos films y los historiadores muestran que en efecto dirigió la novena sinfonía, su obra 125. Los tres primeros movimiento logró tener buena sincronía con el tempo. A pesar que los músicos en realidad seguían al director de coros como estaba acordado entre ellos. Lamentablemente en el cuarto movimiento, al final, se atrasó unos compases, entonces la soprano lo toma y gira antes que él terminara, el público aplaudía a rabiar su magna obra. La obra más importante de la música. Él sufría por su sordera, ¡ya había terminado la interpretación! y él no se había dado cuenta.

Beethoven viaja en el Voyager a los confines del universo con la quinta sinfonía y un cuartero de cuerdas, como un embajador universal de la humanidad. Generaciones seguirán su canto a la alegría, en que todos los hombres se vuelven hermanos.

Finalmente, unos sones de Zitarrosa a Beethoven.
"
Suena el piano piano sin él
Suena un son patético en do
Soledad en tono menor
Pudo no haber nacido en Bonh
hijo del alcohol y el dolor
Bajo león ...al panteón
Escribió para Napoleón (luego lo vio y lo borro)
y en un piano forte en una pensión
Poco supo del buen amor
Sólo alguna flor rococó
Supo de la bandera y honor
Solo su sordera lo amo

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